18 de marzo de 2009

Juan Carlos Argüello "Muelle" (1966-1995)

Firma genuina de Muelle en la calle Montera. Única que queda en Madrid (Foto propia)

 Única muestra genuina que queda en Madrid de la multifirma de "Muelle", que puede verse en un recodo de la calle de la Montera. (Foto propia)

Juan Carlos Argüello Muelle

Muelle, el más relevante de los flecheros murales, confesó un día la razón de por qué había decidido dejar de pintar sus firmas: "Ahora como no siento que soy espontáneo, lo dejé y ya no pinto en la calle."

Uno de los personajes más populares y a la vez enigmáticos de la cultura callejera y de barrio de Madrid, inmersa en aquel periodo que se conoció por La Movida, fue Muelle, alias tras el que que escondía un personaje bastante especial, Juan Carlos Argüello Garzo, músico baterista y grafitero insuperable e irrepetible, tristemente fallecido de una gravísima enfermedad, que merece aquí el emotivo y particular recuerdo que se merece. Muelle, murió injustamente muy joven, a los 29 años. Quienes lo trataron a conciencia coinciden en que era una gran persona, con un carácter y una forma de ser fuera de lo común. Alguien que hacía amigos nada más conocer a alguien. Triste fue el día que la prensa de julio de 1995 anunció el triste desenlace: "El entierro de Muelle tendrá lugar hoy, a las ocho y media de la mañana, en el cementerio Sur de Madrid".

                                                                                                            No es  para menos, pero puede decirse sin temor a la exageración que Muelleel que tenga un Muelle fotografiado de aquellos años, que lo cuide porque ya no queda en Madrid ninguna de las firmas genuinas, salvo la de la pared de la calle Montera, que acabará desapareciendo bajo una capa de pintura blanca. Es auténtica; tiene todas las trazas de serlo, con el valor añadido de tratarse de una de las últimas por él realizadas, habiendo pasado a el dibujo engrosado y a dos o tres colores. Está en lugar difícil; en alto, por lo que es evidente que en su día, alguna noche, Muelle hubo de encaramarse hasta esa altura con una escala de mano. Toda una osadía cuando a escasos metros hay unas dependencias de la policía municipal. Alguien ya lo ha sugerido, y sería lo más acertado. Esa firma autógrafa debería protegerse de la intemperie con una armazón de cristal, porque no debería perderse el último testimonio gráfico de La Movida. Pero Muelle nunca fue personaje querido de las autoridades municipales, y con razón. Nadie niega las razones que se esgrimieron para perseguirlo, a él y a otros como él: Glub, Bleck, Remebe, que todo lo embadurnaban.

Pero Muelle fue más cosas e hizo más cosas. Si casi invisible fue la paciente actividad de Muelle plasmando su firma en los lugares más insólitos, más lo fue su faceta como instrumentista de batería y profundo amante del jazz, que mostró a la vista de sus amigos en locales de ensayo tan conocidos en Madrid como Carabox. El diccionario de la RAE ha incorporado la palabra grafito para los dibujos en paredes, que define como “letrero o dibujo circunstanciales, generalmente agresivos y de protesta, trazados sobre una pared u otra superficie resistente.” Toda una exhibición imaginativa y de destreza en el manejo de pinturas pulverizadas, a base de caligrafías de gran tamaño que exaltaban alguna palabra o concepto, o dibujos basados en personajes y técnicas del comic, realizados por un afán incontenible de embadurnar muros y paredes y de llamar la atención de otras personas que se dedican a lo mismo. Pero el fenómeno de los grafitos se desbordó, y con razón es azote de ciudades y pesadilla de servicios municipales.

Muelle en la terraza Círculo bellas ArtesJuan Carlos Argüello Garzo (1965-1995) era la persona que estaba detrás de Muelle. Lo sucedido con su final fue dramático y tremendamente desconcertante. Pero los artistas también mueren. Habrá quien piense que tampoco fue mucho su arte callejero. Es cierto. Tampoco él pretendía demostrar sus dotes de pintor. Muelle plasmó en múltiples sitios de Madrid y de fuera de Madrid una firma artístico-automatizada, que contenía esa palabra que adornaba con una consonante erre en un círculo a modo de tilde desmesurada y excéntrica, y una rúbrica en espiral acababa en flecha de gruesos trazos, a modo de muelle estirado o estirándose de izquierda a derecha.

Queda fuera de la duda que el modelo en que se inspiró Muelle fueron los característicos trazos gruesos que impuso Forges en sus viñetas publicadas en la prensa. Muelle pintaba de noche en los muros. Sólo plasmó el nombre y no se conocen dibujos. La firma no fue siempre la misma. Fue evolucionando y haciéndose más compleja con la combinación de distintos colores y buscando efectos con bordes gruesos y perspectiva de tres dimensiones.

Francisco Umbral en aquel fatídico 1995 había escrito en un artículo de prensa: “Las pintadas de Muelle son bellas, lacónicas, urgentes y sin destinatario.” Pero el destinatario existía; era la sociedad de su ciudad. Alguien había escrito que Muelle ansiaba un reconocimiento social. Se escribió también que Muelle priorizó la inquietud de forjar una identidad individual. No. Lo suyo parece que fue crear una identidad anónima a los ojos de la sociedad, que día a día y en los lugares más insospechados había de encontrarse con la palabra muelle terminada en flecha. No había alardes. Todo era un obsesivo empeño del joven Argüello porque se viera su escritura y su mínimo dibujo. Enjuiciar esta clase de actitudes, desde una perspectiva psicológica, es difícil. Quedaría en manos de los expertos, que no se sabe si se han pronunciado sobre esa clase de manifestaciones sociales. En el caso de Argüello se redujo a plasmar el diseño automatizado del mote que le venía de sus años de colegio por algún artilugio que intentó acoplar a su bicicleta. Muelle en una tapia, en un contenedor, en una esquina, en una trasera de la ciudad. 

La pintada era ya gigantesca, grabado amarillo al rojo, perfilado en negro y plata, centelleante y metálico. Muelle, anticultural y antimercado, nunca quiso nada (ya famoso) por sus obras. Barroquismo y colorido crecientes, neoyorquizantes. Deja seguidores. Su pintada es ya la rúbrica del Madrid postmoderno.” En la que probablemente fue la última entrevista de Muelle, le preguntaron por lo obvio en estos casos: Qué intentaba expresar. Muelle respondió: "Es una pregunta horrorosa. No lo sé. Esta es la forma de expresión. No tengo mensaje; sólo una bandera que es el logotipo, pero no vendo nada. Sólo quiero llamar la atención sin intención. Prefiero la calle. Ahora como no siento que sea espontáneo, lo dejé hace un año y medio. Ya no pinto en la calle. Ahora soy otra cosa." El País, 1995: “Juan Carlos Argüello abrió un espacio para muchos otros que llegaron después con la intención de dar a la calle un componente plástico impensable hasta él. Asimismo, combinó su actividad plástica con su participación como batería, su otra gran pasión, en mutltitud de grupos musicales. Hace dos años había renunciado a seguir pintando su nombre por las paredes al considerar que “su mensaje estaba ya agotado”. El entierro de Muelle tendrá lugar hoy, a las ocho y media de la mañana, en el cementerio Sur de Madrid.”

Firma flechera de GLUBGLUB, otra de las figuras destacadas de La Movida grafitera y flechera en Madrid, cuenta cómo fue su relación con Muelle: "Muelle era el que impulsó todo un movimiento autóctono en Madrid. Era realmente la estrella. El que impulsó todo un movimiento autóctono en Madrid. También fue curiosa la forma de conocerlo y la sucesiva relación, en la que había un cierto toque mágico. Un día lo vi firmando un cartel en el Metro, pero esa vez se me escapó, puesto que yo estaba dentro del vagón y él en el andén. Fue pura casualidad que un día, gracias a mi trabajo, encontrara en el boletín del registro de marcas su dirección. Me decidí a mandarle una carta con una firma mía, y a los días recibí otra carta con su firma.

 Pero aún no le conocía en persona, hasta que un día fui al Rastro y vi a alguien vendiendo cintas de ordenador en un puesto. Vi que por algún lugar ponía Muelle. Le pregunté y efectivamente era él. El destino volvía a hacer de las suyas. Basta que desees algo fuertemente para que se cumpla. Bajamos a la estación del Metro de Latina, y en un cartel nos hicimos unas firmas con spray. Recuerdo muy bien aquel momento de estar firmando con una leyenda. El consejo que me dio para apurar el bote que teníamos, que estaba en sus últimas bocanadas, fue ponerlo en posición vertical para que así saliese toda la pintura. Hoy, cuando pinto con botes gastados, me acuerdo de aquella situación en la que exprimíamos un bote el Muelle y yo. Más tarde, en numerosas ocasiones, fui a su casa, y también al estudio donde ensayaba tocando la batería. Era una gran persona, muy sociable y super especial. Muy original en todo lo que hacía. El mensaje último que nos dejó de por qué dejaba el mundo del graffiti, antes de saber lo de su enfermedad, no llegó a estar claro. Parece ser que veía agotado el mensaje y que por eso decidió dejarlo. Esto, en alguna ocasión, me ha hecho reflexionar con la posibilidad de dejarlo yo también.”

Firma flechera de BleckBLECK la Rata, destacado grafitero madrileño fue amigo profundo de Muelle. “Muelle era algo aparte, siempre alegre, siempre riendo, siempre atento para ayudarte, siempre encantado de hacer cualquier cosa por ti. Muelle se convirtió en un buen amigo, y creo que no puedo ser objetivo al respecto. También hay que decir que éramos los más mayores de todos los que pintaban por aquella época. Así que esto nos daba la calidad de 'papás' de todos los demás, que aparte de respetarnos, envidiaban en cierta manera nuestra amistad. Pero Muelle era algo aparte, siempre alegre, siempre riendo, siempre atento para ayudarte, siempre encantado de hacer cualquier cosa por ti. Supongo que en eso estriba lo que nos hacía diferentes, aunque la imagen que reflejábamos era de disconformes, de rebeldes, de fuera del sistema. En verdad estábamos por encima de ello.

Apuntábamos a objetivos mayores. Queríamos ser más de lo que imaginábamos, y nos pusimos en camino. Muelle era diferente. Siempre supo que la muerte le rondaba y siempre fue consciente de que no tenía tiempo que perder y que no hay más que el presente para ser feliz. Que el mañana no está asegurado para nadie. Esa era su mejor virtud. Siempre podías contar con él. Siempre te daba lo máximo de sí mismo, sin esperar recompensas. Sabía que lo que más le importaba era dar. Sabía que tenía el tiempo limitado y se resistía a caer en la pesadumbre, siempre para adelante, o como solía decir: "Sin prisa, pero sin pausa".

Firma flechera de Remebe

REMEBE, otro de los personajes destacados entre los flecheros de Madrid, comentó acerca de él: “Lo conocía de toda la vida, ya que era un tipo que llamaba la atención. Las primeras veces que lo ví era punk total con collares de perro, imperdibles. Luego fue cambiando según fueron cambiando los tiempos. Era un tipo original ante todo, con sus zapatos buggies morados, calcetines rosas. Sus colores predominantes eran el morado, el rosa y el negro, y así quedó demostrado en sus pintadas.

Un gran tío sin duda. Había tardes que no daba abasto a recibir a gente en su casa. Siempre contando chistes, siempre sonriente, siempre dispuesto a hablar con todo el mundo. Un gran tipo original. Era que abría el camino. ¿Pintó con flechas?, pues todo el mundo después pintó con flechas. Aparte de su gran calidad y del artista que fue, como era personalmente le dio mucha popularidad.”

 

 

Recuerdo de Muelle en un kiosko de la Glorieta de Toledo (Foto propia)

 

Muelle en una entrevista en Youtube

1 comentario:

  1. yo vi en una epoca de mi vida las pintadas de muelle cada vez que pasaba por madrid no sabia quien era el, no he sabido quien era ni que rostro tenia hasta hace muy poco,pero siempre lo senti como un soplo de aire puro y encanto difuminado por todos los lugares y rincones....su esencia estaba y estara siempre presente,porque el es y sera el que supo acercarse a todos y estar en cada ser que quiso compartir su mensaje difuso y ahora eterno......muelle alla donde estes yo tambien te quiero. teresa

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